2. Carta de respuesta de don Francisco Martínez Albarracín, presidente de SPES-Murcia (20/11/2014)

Estimado Sr.:paco1

En primer término quisiera agradecerle el tono cortés que emplea para dirigirse a nosotros para manifestar su discrepancia. Contrasta notablemente con el que alguno de sus colegas suele emplear cuando nos interpelan.

En segundo lugar, no puedo sino agradecerle que se haya fijado en nuestro joven sindicato. SPES, Sindicato de profesores de Enseñanza Secundaria tiene en Murcia menos de un mes de vida. Por eso, nos alegra que la exposición de nuestras ideas haya suscitado interés a nivel nacional.

Junto a nuestra gratitud tengo que transmitirle también mi extrañeza y mi discrepancia.

Extrañeza por un doble motivo. En primer lugar y más simple porque no decimos nada que no esté dicho y publicado ya en cualquiera de los sindicatos de nuestra federación a los que remiten sendos enlaces en nuestra misma web. Lo mismo habría que decir respecto a la enorme cantidad de ensayos, artículos de prensa y pensamiento y demás material referenciado por nosotros. Ya le digo que me extraña que una institución como la que usted representa haya elegido como objetivo a la más reciente de las organizaciones y no a la federación en su conjunto, lo que sería más coherente.

Quizá ocurra que quienes le han informado no se hayan visto con solvencia intelectual para confrontar argumentos con nosotros, lo cual es coherente con el hecho de que nos atribuyen planteamientos que no soy capaz de localizar en nuestra web. Más bien da la impresión de que sus informadores se han precipitado y, más que los enlaces o los textos, han leído sus ideas previas sobre lo que pretendidamente nosotros decíamos. Permítame que le ponga sólo un ejemplo de entre los muchos errores que veo en su amable carta.

Dice usted: “Debo informarles que, y lo hago de forma categórica, en ninguna legislación, los pedagogos de forma conjunta, hemos participado en la redacción de las citadas leyes. En España, por desgracia, las leyes educativas han sido preparadas por agentes sin ningún tipo de formación pedagógica por la creencia generalizada que la docencia es aspecto fácil y al alcance de cualquier titulado, ya que al fin y al cabo sólo es enseñar”.

Con lo cual parece dar a entender que nosotros afirmamos que las leyes han sido hechas por pedagogos y, lógicamente, se apresura a sacarnos del error. Permítame que corresponda a su amabilidad sacándole a usted de su error. Lo que literalmente decimos es:

“El deterioro actual de nuestro sistema educativo es el resultado de la aplicación de principios pedagógicos de dudosa sol­vencia intelectual en cuya elaboración los profesores, los únicos autorizados, nunca intervinieron”.

¿Decimos algo de los pedagogos? No. Sólo si, como parecen creer algunos de sus colegas, se parte del prejuicio de que los principios pedagógicos se “encarnan” única y exclusivamente en la persona del pedagogo podría interpretarse algo así. Aprovecho para decirle que me parece que hacen un flaco favor a su profesión quienes se autoproclaman expertos en “aprender a aprender”, convivencia, metodologías,… y luego no son capaces de interpretar correctamente un texto breve y sencillo como el que le refiero.

Ahí, como queda patente, no decimos nada de los pedagogos. Decimos, eso sí, que los principios pedagógicos (no los pedagogos) son endebles (y en su texto nos da la razón) y, en segundo término, que ahí, en esos principios y en esas leyes no hemos estado los profesores especialistas que ya usábamos métodos y didácticas adecuadas a nuestras materias por lo menos desde la sofística y Sócrates.

Llego, así, al elemento de su afable misiva en la que me alegra poder decir que, abiertamente discrepo. No me alegra discrepar, incluso lo siento. Me alegra, y mucho, que las cosas estén claras.

Y lo que está claro es que usted, y la asociación que representa, tiene una concepción de la enseñanza totalmente distinta a la que yo y mi organización representamos. Y me alegra vivir en un contexto en el que cada uno pueda defender sus tesis. Nosotros exponemos nuestras ideas a los profesores de instituto y les pedimos que nos voten para poder impulsar un modelo educativo articulado sobre la transmisión del saber, transmisión que llevan a cabo los profesores especialistas. Y esa es la idea de enseñanza que postulamos.

Nos parece un dislate que alguien que no sabe una materia (sea música, filosofía, química o cualquier otra) pretenda que puede enseñar al profesor especialista a enseñar a los alumnos. Pretender organizar la enseñanza en torno a ideas como “enseñar a enseñar” o “aprender a aprender” nos parece una vaciedad. No nos parece ni siquiera serio que quien no sabe de música pretenda que puede enseñar al profesor de música cómo transmitir la forma sonata o, como afirmaba D. Francisco Rodríguez Adrados, cómo alguien que no sabe griego puede pretender formar a un filólogo en un CAP, Master o como se le quiera llamar; lo mismo podríamos decir de la matemáticas, la química y, en general, para cualquier saber que tenga un contenido transmisible.

Si, en vez de confiar en informadores que han mostrado ser poco fiables, se toma usted la molestia de visitar nuestra web (o la de la federación SPES), podrá comprobar que esa discrepancia está expresada con tanta claridad como cortesía, que pedimos (noveno de nuestros diez puntos de ideario) que se “definan con claridad las competencias del orientador”. No pensamos, como se nos ha atribuido a la ligera, que los pedagogos hayan de ser expulsados: decimos que, al igual que todo el personal que trabaja en un centro escolar, han de contar con un elenco nítido de cuáles son sus tareas. Pensamos, además, que eso redundará en su propio beneficio al ponerlos en condiciones de prestar un servicio que, a nuestro juicio, no ha de consistir en suplir al profesor especialista en su materia ni inmiscuirse en cómo ha de impartirla pues quien sabe es quien tiene los conocimientos específicos y el criterio ha de ser, como en cualquier otra profesión, los resultados comprobables: el nivel de conocimientos que han adquirido sus alumnos.

Tengo suficiente edad como para recordar que cuando empecé a impartir clases de mi especialidad, ciertamente sólo sabía mi disciplina y el hecho de enseñarla era algo nuevo y distinto (no tanto como pretenden algunos, después de haber asistido como alumno a las aulas durante casi toda mi vida y ser yo mismo hijo de profesor de instituto) pero novedoso, sí. Encontré orientación en profesores de mi especialidad con más experiencia: se aprende a enseñar gracias a la experiencia (de la que el joven carece) del profesor de la misma especialidad. Y no de otro modo. De otro modo caemos en el peligro de complicar las metodologías, incrementar las burocracias y necesitar más tiempo y esfuerzo para rellenar un boletín de notas que para leer a Aristóteles en griego. Y es más agotador y frustrante.

Reitero mi gratitud al tiempo que me ofrezco para dialogar sobre nuestras distintas concepciones de la enseñanza cuando usted lo juzgue de interés. Sobre lo que pensamos y afirmamos, no sobre lo que “dicen que decimos”. Ahora mismo estamos en plena campaña electoral: las elecciones son el 4 de diciembre y nos enfrentamos no sólo al desencanto que ha hecho mella entre el profesorado sino a parte de sus causantes: unos estilos sindicales que provienen de una concepción ideológica decimonónica y unas prácticas sindicales propias del siglo pasado.

Nosotros somos una alternativa de este siglo, sin lastres ni compromisos adquiridos, con una idea de que la enseñanza en los institutos debe basarse en la preeminencia de los profesionales especialistas, que eso es un profesor de Secundaria. Estamos, como le digo, muy ocupados intentando hacer llegar este mensaje a los profesores murcianos. No obstante, si usted lo desea, procuraré sacar tiempo para dialogar sobre nuestras ideas.

Atentamente,

Francisco Martínez Albarracín

Presidente de SPES-Murcia

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