3. Réplica de don Enrique Castillejo y Gómez a la respuesta del presidente de SPES-Murcia (20/11/2014):

Apreciado D. Francisco,

Sólo unas breves notas a modo de respuesta. En primer lugar les deseo suerte en sus elecciones y por supuesto estaría encantado de profundizar en nuestras diferencias. Agradecerle también su tono pero observarle unos cuantos apuntes.

Como institución que representamos a toda la profesión (como ordena la legislación de Colegios Oficiales y Consejos Generales) respondemos a las diferentes quejas que nos vienen, como he dicho, no sólo de los señores colegiados.

Su extrañeza, que la puedo llegar a comprender, también se debe a la concepción que todo lo que se publica, sólo por el mero hecho de haber sido, merece un crédito. En las obras que usted comenta, todo dicho desde el respeto, son opiniones más o menos argumentadas objetivamente, las menos, y más tendentes a la subjetividad sin mayor demostración del hecho que la mera opinión personal. Tanto es así que, erróneamente, se atribuye a la pedagogía la corriente constructivista, de donde LOGSE bebió, siendo ésta, una corriente psicológica, que ya en aquellos años advertimos los pedagogos de sus efectos perversos. Cabe recordar que la Ley de 1970, sí tenía una fuerte carga pedagógica, y hoy, nadie, puede discutir, el enorme avance que significó.

Efectivamente estoy con usted que en los últimos años hemos visto una verborrea “pedagógica” que curiosamente nada tiene que ver con nosotros. Prueba de ello es que cualquier neófito en el tema, sin ni tan siquiera ser pedagogo, ha instruido sobre la materia, en un claro caso de intrusismo profesional, que combatimos como podemos. Por tanto, a lo que ustedes llaman principios pedagógicos, en nada se pueden atribuir a la pedagogía, pues pertenecen  a fantasías sobre el tema que, le insisto, nada tiene que ver la pedagogía.

Lo que está claro, y en algo los docentes tendrán que ver, que la educación en España está devastada.

Recuerdo que, a colación de su conferencia, un alto cargo del Ministerio finlandés de educación, reconoció que lo mejor que habían hecho era enseñar pedagogía a sus docentes, y tan mal no les va.

A relación, con todos mis respetos, al muy viejo debate acerca de qué me tienen que enseñar a mi cómo enseñar mi disciplina, recordarle que, por ejemplo en cirugía, estos reciben formación de técnicas quirúrgicas por profesionales no disciplinares; es decir, a modo de ejemplo, el cardiólogo acepta sin mayor temor que un formador no cardiólogo le forme en una técnica de quirófano. Aterrizados ya en educación de nuevo, y de nuevo como un mero apunte, un pedagogo, puede explicar a un matemático cómo programar sus sesiones, en qué sentido y cómo evaluar para obtener mejores resultados, no sólo en los conocimientos que usted apunta, sino en la competencia que le haga mejor educando en el futuro. Y nada tiene que ver esto con las matemáticas. Este es un debate, insisto que desde el respeto, muy superado en todo el ámbito internacional.

Sobre los orientadores, recordarle que la legislación acerca de sus competencias es clara. Otra cosa sea su aplicación, de la norma, que no es para estar orgulloso. Pero de nuevo le insisto que, en los países más avanzados, la dotación en orientación multiplica por cinco a la española. Y tan mal no les va.

Pero el modelo de profesorado que ustedes parecen defender, tampoco ha dado los resultados que insinúan porque, entre usted y yo, por mucho que se modifiquen las leyes, la práxis docente no se ha visto modificada, por lo que este discurso tampoco tiene visos de ser defendido con la objetividad necesaria. Y basarse en la experiencia es un tanto peligroso, ya que treinta años de ejercicio profesional, no significan necesariamente treinta años de experiencia, como seguro que convenimos.

En definitiva, para no alargar más de lo necesario el tema, tampoco estamos tan alejados. Seguro que su organización estará de acuerdo que la mejora docente debe existir y, alejar a falsos profetas también. Pero le doy por seguro que, con la adecuada formación pedagógica, y digo bien, adecuada, ni más ni menos, los alumnos españoles estarían en mejores condiciones de competir con sus homólogos extranjeros.

Como en todo, educamos para la vida, en sentido amplio. Educamos para forjar los mejores profesionales y magníficos ciudadanos. Si sumamos esfuerzos, bien argumentados como les decía, seguro que salimos ganando.

Sería un placer departir esto después de su proceso electoral. Sólo solicitarle que en su discurso, al menos, diferencien de lo que es pedagogía a lo que no. Como en medicina hay que diferenciar a los curasantos y médicos.

Muy cordialmente

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