El ominoso sistema educativo

Fuente: libertaddigital.es

Amando de Miguel

No constituimos los españoles un país nuevo. Tuvimos universidades en la Edad Media. Nuestro idioma común es el que más se aprende en el mundo después del inglés. Cierto es que la contribución de los españoles a la historia de las ciencias ha sido muy modesta. En cambio, ha sido brillante en la historia de las artes. Aun dentro de nuestras miserias, hoy estamos en la cabecera de las economías que dicen prósperas. A lo mejor nos da por comernos nuestros laureles.

Sin embargo, el talón de Aquiles de nuestro desarrollo es el atraso del sistema educativo. Y aún dicen que es uno de los pilares de nuestro Estado de Bienestar. No hace falta recordar la vergüenza nacional de los informes Pisa o equivalentes. Los alumnos españoles se sitúan a la cola de Europa por sus conocimientos. Cualquier profesor talludito de universidad puede documentar el dato. Las sucesivas promociones de alumnos que llegan al alma máter (que no quiere decir “el alma de la madre”) cada vez vienen menos preparados. Al menos eso es así en mi Facultad de Ciencias Políticas y Sociología. No nos extrañemos luego de que algunos profesores de esa facultad, convertidos en carismáticos líderes políticos, den la impresión de nescientes, de virtuales analfabetos. El estatuto de profesor universitario no ha podido caer más bajo.

Tampoco nos debe de extrañar que una alta proporción de adultos de toda España sigan creyendo que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra, no al revés. Como puede verse, la revolución copernicana no ha concluido.

Me describe un amigo, profesor en un instituto, la irritante situación. Mientras él explica con entusiasmo el teorema de Pitágoras y su demostración geométrica, un alumno, con los cascos puestos, se deleita con la música rapera. El chico, con los ojos cerrados de placer, se repantinga en la silla y coloca los pies sobre la mesa. El profesor ya sabe que no debe llamar la atención al melómano merluzo; de otra forma recibiría un expediente disciplinario. El mundo al revés.

¿De qué sirve la estadística de que disminuye la elevada tasa de abandono escolar? Se puede seguir muy bien en la escuela siendo un abandonao, como el que no engrasaba los ejes de su carreta. Por cierto, ¿leerán los escolares españoles a Martín Fierro? ¿Leerán algo que no tenga dibujos, más allá de los mensajitos del móvil? Preguntas retóricas, preocupaciones vanas.

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