Singapur o cómo triunfar sin tener ni idea, por Manuel Ballester

Fuente: laopiniondemurcia.es
“Hace tiempo que se veía venir y ya algunos iniciaron la peregrinación a la Meca de los resultados PISA. Para ver cómo lo hacen, qué saben que nosotros no sepamos y aprender de los mejores, a ver si mejoramos. Por el contrario, yo voy a centrarme aquí en lo que no saben o no hacen”Resultado de imagen de pisa singapur

En ambientes educativos, Singapur está de moda. Es lo más.

Hace tiempo que se veía venir y ya algunos iniciaron la peregrinación a la Meca de los resultados PISA. Para ver cómo lo hacen, qué saben que nosotros no sepamos y aprender de los mejores, a ver si mejoramos.

Si quieren averiguar cómo una excolonia que alcanza su independencia en 1965, con un nivel educativo propio de pescadores y cabreros, ha logrado ser el número uno del mundo en las últimas pruebas PISA, ya tienen a su disposición estudios, artículos y libros (destacaría Quince cartas desde Singapur, recién traducido al español en México). Si quieren saber qué hacen y cómo lo han logrado, ese es el camino.Resultado de imagen de quince cartas sobre la educacion en singapur

Por el contrario, yo voy a centrarme en lo que no saben o no hacen. No por adoptar un enfoque original sino porque, a lo mejor, ahí hay una clave que podría interesar.

No tienen Educación Infantil. Como suena. No gastan un céntimo en Infantil, ni invierten (que a los puristas no les gusta el verbo gastar cuando se trata de educación). Los chiquillos ingresan en el sistema educativo a los seis años sin saber hacer la O con un canuto malayo.

Podríamos preguntarnos si es que no saben que en el mundo en que vivimos la escuela debe hacer posible la conciliación asumiendo la educación de los chicos desde la cuna a la tumba. Parece que no, que no lo saben. En cambio, impulsan políticas como financiar la compra de vivienda si se realiza cerca del domicilio de los padres. Tienen estas gentes la idea de que si vives cerca de tus padres, les endosarás los chiquillos a los abuelos. Así, lo que se gasta en financiar viviendas, se ahorra en la costosísima Educación infantil que el Estado del Bienestar proporciona desde el destete. Y los niños cuidados con los abuelos resulta que duermen más, juegan más y no llegan a los seis años ya con estrés en varios idiomas y esas cosas.

Total que los niños llegan a Primaria sin saber nada, sólo jugar.

Y empiezan la Primaria donde tienen exámenes de verdad. Exigentes, con publicación de resultados (esto no falla en ninguno de los sistemas que mejoran, en ninguno), y con consecuencias académicas. No saben que esos exámenes aquí los llamaríamos reválidas, les echaríamos agua bendita, pactaríamos el fusilamiento preventivo de quien los defienda, y a otra cosa. Ellos no lo saben: en los primeros cursos de Primaria hacen, incluso, exámenes de 90 minutos.

La séptima de las cartas a Singapur lleva por título Observaciones de la decana de una escuela de educación porque la autora, Christine B. McCormick, de la Universidad de Massachusetts quiere que queden al descubierto las vergüenzas pedagógicas del sistema. ¿No saben ustedes, pregunta la decana, que un niño a estas edades es incapaz de mantener la atención durante 90 minutos? Es que adquieren la capacidad de atender durante 90 minutos precisamente haciendo exámenes como este, le responden los singapurenses. En la misma línea, la decana se escandaliza al descubrir que «usan las pruebas para evaluar el rendimiento de los alumnos y no la efectividad de los profesores». Al parecer no saben lo básico de pedagogía. Por eso hicieron lo que hicieron, los pobres.

Para Singapur la evaluación es clave. Fundamental para los alumnos y esencial para los profesores. El objetivo de la evaluación de los profesores es que ellos mismos sepan cuál es su posición y en qué necesitan mejorar. Lo de la posición tiene que ver con que los profesores disponen de una bien remunerada y clara carrera docente. En dos ámbitos: docente y ‘administrativa’. Hay una carrera clara, como digo, es decir los profesores saben que pueden seguir progresando mediante el aprendizaje (aprendizaje del que pueden rendir cuenta en evaluaciones suyas o de sus alumnos, y supervisados a pie de aula por profesores de nivel superior en la escala docente), pueden tener más mérito y, por tanto, aspirar a puestos mejores y sueldos superiores.

Tampoco tienen Atención a la Diversidad: ni practican la inclusividad ni el igualitarismo o, dicho en palabras ajenas a la jerga pedagógica: no pretenden educar a todos los alumnos por igual sino que procuran que cada uno desarrolle al máximo sus capacidades (no que llegue a la media nacional o al aurea mediocritas, que dicen los clásicos). Como no hay inclusividad, hay centros especializados, con profesores especializados en ayudar a desarrollar sus posibilidades a los alumnos con necesidades educativas especiales (ACNEES). Y en el resto del sistema, muy competitivo, muy exigente, cualquier profesor sabe lidiar perfectamente con alumnos con altas capacidades intelectuales. Como no saben que es contraproducente instruir separadamente a estos alumnos, no sólo el conjunto de los alumnos singapurenses obtiene la primera posición sino que los ACNEES de Singapur están un 70% por encima de los USA que, para no saber pedagogía, no está nada mal.

Otra cosa en la que se muestran escandalosamente ignorantes es en la cuestión de los ‘valores’. Transmiten valores, eso es inevitable, pero no lo hacen directamente, no forman parten de currículo alguno ni son el credo de ninguna religión. No adoctrinan, en definitiva. Los valores que transmiten son, digamos, transversales: competitividad, mérito, esfuerzo, superación, responsabilidad, transparencia. Y cosas así.

Ya lo decía Pennac: ¡Qué bien enseñábamos cuando no sabíamos pedagogía! Los de Singapur todavía no saben pedagogía. Saben lo que es la realidad que les espera a sus alumnos, saben de rendimiento de cuentas por su trabajo. Y los profesores saben su materia y la transmiten con eficacia.

Juegan para ganar. A lo mejor por eso ganan.

Resultados de la evaluación de diagnóstico de la Consejería de Educación de la Región de Murcia del curso 2015-2016 de centros de enseñanza primaria y secundaria

Hacemos públicos los resultados de la evaluación de diagnóstico realizados durante el curso 2015-16 por los alumnos de la Región de Murcia en 3º y 6º de Primaria y 2º de Secundaria, que se han obtenido al amparo de la Ley de la transparencia.

Nos parece que una sociedad moderna ha de proceder con transparencia en todos los ámbitos de funcionamiento de la vida pública. Y eso incluye los datos recabados en centros docentes públicos.

Desde la perspectiva de los padres de los alumnos, pensamos que ha de ser cada familia la que pondere el valor e importancia que conceda a estos datos. Según sus particulares y legítimas expectativas respecto a la enseñanza que quieren para sus hijos, podrán analizarlos con detalle o, incluso, ignorarlos totalmente.

Desde la perspectiva de los profesores, queremos señalar varios aspectos:

En primer término, estamos viendo estos días que cuando PISA nos evalúa queremos conocer el resultado de dicha evaluación y se realizan análisis y se ponen en marcha planes de mejora a niveles distintos. De modo paralelo, consideramos que las evaluaciones de diagnóstico deben suponer un impulso para la mejora en la tarea de cada centro y cada profesor.

En segundo término, los profesores tienen derecho a saber cómo son evaluados.

Por último, como ocurriera en años anteriores, los datos contienen un doble falseamiento:

  • por una parte, se establece cada año que 500 es la puntuación media y, a partir de ahí, se “reajustan” los resultados. De este modo la calificación de un centro en años sucesivos no es comparable: sin variar su rendimiento, puede subir si otros bajan, o bajar si otros suben.
  • Por otra parte, es obvio que el Isec falsea también los datos (añadiendo o restando puntuación).

Pensamos que sería más adecuado publicar los resultados de lo que realmente saben los alumnos. Lo cual no impide que se establezcan también análisis de índice socioeconómico, se prorrateen o cualquier otro ejercicio de ingeniería numérica.

En definitiva, como ya dijimos en ocasiones anteriores, SPES sostiene que, en aras de la transparencia, los resultados debieran expresarse en la nomenclatura que entendemos todos, esto es, con números entre el 0 y el 10 con los decimales que se establezca y al margen de (o junto a) la calificación modificada por el Isec.

Aquí pueden encontrar la información oficial sobre las evaluaciones de diagnóstico que ofrece la Consejería en su página web.

Resultados de la evaluación de diagnóstico 2015 en secundaria, 2º de ESO:
Lengua castellana, centros ordenados por puntuación o por municipios.
Inglés, centros ordenados por puntación o por municipios.

Resultados de la evaluación de diagnóstico 2015 en primaria, curso 3º:
Lengua castellanalistado de centros por puntuación y por municipios.
Matemáticas, listado de centros por puntuación y por municipios.
Ingléslistado de centros por puntuación y por municipios.

Resultados de la evaluación de diagnóstico 2015 en primaria, curso 6º:
Lengua castellana, listado de centros por puntuación y por municipios.
Matemáticas, listado de centros por puntuación y por municipios.
Inglés, listado de centros por puntuación y por municipios.
C. básicas en ciencias y tecnología, listado de centros por puntuación y por municipios.

Un psiquiatra alerta de que usar tabletas en el colegio dificulta el aprendizaje y la concentración

 

El debate sobre los efectos de la tecnología digital en los niños y adolescentes sigue concitando la atención de padres, educadores y expertos. El uso precoz de teléfonos móviles por parte de niños, el consumo abusivo de televisión y la introducción de tablets y otras tecnologías como método educativo en los colegios está generando grandes controversias por las consecuencias que pueden tener sobre los más pequeños.

El psiquiatra alemán Manfred Spitzer es un experto sobre los efectos de la tecnología digital en la educación. Autor de entre otros libros como Demencia Digital (Ediciones B), es licenciado en Medicina, Psicología y Filosofía obteniendo a continuación una cátredra en Psiquiatría. Es además el director de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Ulm y el Centro de Transferencia de Conocimientos para las Neurociencias y el Aprendizaje.

En una entrevista en La Contra de La Vanguardia  se muestra muy contundente a la hora de asegurar que la Unión Europea debería prohibir estos aparatos en los colegios afirmando que perjudica el aprendizaje. Un análisis similar hace de móviles, televisión y videoconsolas:

-Usted habla de “demencia digital”: ¿Lleva móvil, doctor?
-Claro, porque soy mayor y sé usarlo lo justo, pero los niños no. Por eso no he dejado a mis hijos que lo tuvieran hasta los 18 años y hoy que tienen 20 me lo agradecen.

-Si sus hijos lo hubieran podido usar, ¿no serían hoy mejores profesionales?
-Hay evidencias científicas de que no. ¿Sabe por qué Bill Gates o Steve Jobs triunfaron?

-¿…?
-Porque tuvieron una excelente educación analógica que les preparó para ser innovadores.

-¿Con ordenadores en sus aulas, smartphones y iPads no hubieran sido aún mejores?
– Al contrario, el uso de esos aparatos retrasa la madurez de niños y adolescentes, y les impide concentrarse y aprender. Lo mejor para enseñar es leer, escribir, tomar notas, trabajar con el profesor: ¡eso es tecnología punta pedagógica!

-¿Por qué está tan seguro?
-Soy psiquiatra y neurocientífico y no doy opiniones, sino que he recogido pruebas durante años sobre los efectos de la introducción de la tecnología digital en las aulas que demuestran que perjudica al aprendizaje.

-¿No permiten dedicar el cerebro a otras tareas al liberarlo de la memoria rutinaria?
-El cerebro humano no es un disco duro que tiene una capacidad de almacenar X gigas de datos. No funciona así. Al contrario, si usted habla cinco lenguas, le será mucho más fácil aprender otra que a alguien que sólo sepa una.


Spitzer es autor de Demencia Digital-Cuanto más sabes, más fácil es aprender.
-Porque el cerebro no almacena datos, sino que los procesa. Es un conjunto de redes neuronales que, al conectarse, utilizan la información que está en ellas. Por eso, cuanto más cosas sepa usted, más puntos de conexión tiene la red de su cerebro y más fácil es establecer nuevos.-Y, al contrario: cuanto más vacío está un cerebro, más cuesta llenarlo.
-Porque el cerebro funciona al revés que la memoria de un ordenador. Si usted sabe matemáticas, le será más fácil aprender física.

-¿Usar Google en el cole dificulta a los niños establecer esa base de aprendizaje?
-Si usted graba la clase del profesor directamente en un archivo de ordenador, su mente, se lo aseguro, no aprende nada, porque no establece conexiones. Si los chicos usan Google y lo que encuentran no establece relación con lo que ya sabían, tampoco aprenden nada. Necesitan que alguien vaya estructurando lo que aprenden.

-Pues invertimos fortunas en ordenado- res escolares, iPads y tecnología digital.
-No sólo es tirar el dinero, sino que además es contraproducente. Los niños y adolescentes necesitan un buen educador sobre todo; toda esa tecnología sólo les distrae y les retrasa. Es triste ver niños smombies (zombies con smartphone) aislados de todo mirando su pantallita.

-Pero veo que usted lleva un ordenador.
-Porque soy un adulto y ya tengo una base que me dio una escuela en la que no tenía ordenadores, pero sí cuadernos, bolígrafos, pizarras y, sobre todo, un buen profesor que fue dándome estructuras sobre las que he ido construyendo lo que sé. Ahora sí que un ordenador y un smartphone me ayudan en tareas rutinarias siempre que no abuse de ellos.

-¿Veía usted la tele en casa de niño?
-No, y con mis hijos tampoco. Y me lo agradecen: mientras crecían leíamos juntos y comentábamos libros; hablábamos de mil cosas; compartíamos experiencias, y nos hemos ahorrado muchas horas de telebasura. La tele causa obesidad, depresión, insomnio…

-Hasta ahora sólo decían que estupidez.
-También. Mis hijos han crecido más sanos y listos sin televisión y yo, también.

-Algún informativo también instruye.
-En conjunto, la tele nos quita mucho más de lo que nos da. Le aseguro que en mi familia no la hemos echado de menos.


Spitzer afirma que las pantallas frenan el aprendizaje de los niños-¿Y la PlayStation?
-También hace perder el tiempo a los niños y les aísla de los demás. Lo triste es que en los colegios, las grandes multinacionales tecnológicas han conseguido que esa juguetería digital absurda se confunda con habilidades. Las corporaciones han ganado billones y nuestros jóvenes han perdido neuronas y oportunidades.-Por ahora, esas habilidades digitales no dan a los jóvenes más empleo y sueldo.
-Porque en realidad son muy secundarias y sólo sirven por sí solas para trabajos de tercera y mal pagados. Forman consumidores, pero, a la hora de la verdad, las habilidades que sí se requieren en un buen empleo se adquieren interactuando con los demás; aprendiendo juntos: leyendo, escribiendo y trabajando en equipo.

-¿A qué edad la tecnología digital cree usted que deja de frenar el aprendizaje?
-Mire, un smartphone no es diferente de un automóvil: ¿y verdad que no pone al volante a su hijo de doce años? Pues con un móvil y el acceso a internet, sus hijos también pueden aprender a matar y exponerse a criminales de los cinco continentes. Pero, sobre todo, pueden perder mucho precioso tiempo de formación.

-Hoy mis alumnos en la universidad estaban tuiteando. ¿Les dejo o les digo algo?
-Yo a los míos los echo de mis clases si sacan el móvil. Si quieren tuitear, que se queden fuera.

-¿Y si son estudiantes multitarea?
-Hay experimentos sólidos que demuestran que ni siquiera las mujeres son multitarea. Nadie lo es. Con un buen profesor en clase y ganas de aprender, lo demás sobra.

Inger Enkvist: “Hoy las escuelas son guarderías para adolescentes”

“No hay ningún indicio de infelicidad generalizada entre los estudiantes con alto rendimiento escolar”

“Las chicas musulmanas europeas ven en el estudio un modo de escapar al control de sus familias”Inger Enkvist, en una imagen de archivo.

“Conozco Cataluña y allí la educación ha sido obviamente el instrumento principal para el nacionalismo”

11/11/2016 03:58

Su discurso no casa muy bien con los recientes entusiastas de la nueva educación, la que cree que los niños se aburren en clase por culpa de un sistema que no ha cambiado tan rápido como la tecnología. O sea, muchos de los acólitos del educador británico Sir Ken Robinson, los que piensan que los niños ya no pueden permanecer sentados en clase, los que creen que los colegios matan la creatividad, los que abominan de una mínima memorización.

Además, para los que confían en que un pacto educativo de todos los partidos es la panacea para los problemas de fracaso escolar que padecemos, Inger Enkvist no trae buenas noticias: quizás es más cuestión de lo que se respira en el ambiente, en casa, que en la letra pequeña de una nueva ley, como han demostrado los distintos estudios de los que ella se hace eco en La buena y la mala educación sobre distintas comunidades de inmigrantes por todo el mundo. Es incómodo pero, ¿por qué los descendientes de chinos lo hacen mejor que los de mexicanos en California con exactamente el mismo sistema educativo?

En España, hace años, la llamaron para escuchar su opinión sobre la ley catalana de Educación. Allí, en el Parlament, habló de resultados de la educación diferenciada entre niños y niñas. Pero un parlamentario de Esquerra le dijo que los colegios femeninos y masculinos en este país eran un símbolo de la Iglesia y de la dictadura. Quizás por eso, porque sabe lo fácil que se embarra aquí el debate, Enkvist se muestra cauta a la hora de abordar algunos asuntos. De los otros… aquí está ella.

Cuando lee o escucha que hay que cambiar la educación porque seguimos dando clase como en el siglo XIX, antes de que existiera Google, una de las frases más recurrentes entre los gurús de la nueva educación, ¿qué piensa?
Eso lo dice alguien que no es educador. En la educación de base, fundamentalmente la obligatoria hasta los 16 años, lo que necesitan aprender los alumnos no tiene que ver con Internet. Necesitan lengua, matemáticas, geografía, historia… Necesitan convertirse en buenos lectores con un amplio vocabulario y una sólida base de conocimientos generales sobre el mundo. Para conseguir esto, Internet es más una distracción que una ayuda. Internet les va a servir después de conseguir esa formación de base. Es magnífico para la persona que ya tenga conocimientos y necesite comprobar un dato o la ortografía de un nombre. Para sacar provecho de la Red, el usuario debe saber formular una pregunta y evaluar la respuesta, y eso no es el caso del alumno promedio. Se podría hablar también de un error de percepción. Hay mucho material en Internet, es cierto, pero el problema del educador de hoy no es tanto tener acceso a materiales para ilustrar lo que deben aprender los alumnos como el problema de la voluntad de hacer un esfuerzo prolongado para aprender.
En muchos países occidentales, por las encuestas de Pisa sabemos que los niños de familias sin recursos económicos apenas tienen oportunidad de llegar a la universidad. ¿Qué está pasando? La educación ha dejado de ser un ascensor social…
Tiene que ver con varias cosas pero se pueden señalar unos factores. El primero sería que, en el Estado del bienestar, los alumnos no sienten la urgencia de antes de estudiar para sobrevivir social y económicamente, y tampoco los padres ven así la situación. Segundo, con el Estado del bienestar se han difundido teorías permisivas en la educación que dicen que los profesores deben aceptar que no haya tanta disciplina en clase. Se dice que el aprendizaje debe ser divertido y, si no es así, los alumnos están en su derecho de rechazarlo. Esas teorías son negativas para todos, pero sobre todo para los que aprenden menos en su casa. Finalmente, esos factores han llevado a que no sea tan gratificante ser profesor, con lo cual los estudiantes más inteligentes e idóneos para ser profesores se dirigen hacia otras profesiones. Los nuevos docentes quizá no tengan la misma capacidad de ganarse a los alumnos con menos interés para los estudios.
En su libro de La buena y la mala educación, describe la educación en barriadas francesas como aterradora, con adolescentes que apenas se sitúan en el mundo. ¿Cómo se ha llegado a eso?
Mi explicación es que grupos de intelectuales han machacado a políticos y profesores diciendo que Occidente sería opresora y que su cultura sería “excluyente”. Esto ha creado una duda de si es legítimo enseñar lo que se enseña desde siempre y en particular si es legítimo exigir que personas de otro origen étnico aprendan lo que típicamente contiene el currículum en una escuela occidental. El resultado es que los profesores no exigen un esfuerzo, los alumnos no aprenden y, a pesar de esto, obtienen el aprobado, y los políticos no intervienen porque no se sienten seguros de su mandato para intervenir. Se invierte un dineral en las escuelas pero no se obtienen resultados y se convierten en guarderías para adolescentes. Tras la edad escolar, estos jóvenes están desamparados ante la vida en una sociedad moderna.

Estudiantes aislados

Cuando dice que en esas barriadas de París están desamparados y perdidos en el mundo, ¿podría explicar en qué sentido? Y no pasa tanto con las chicas musulmanas. ¿Por qué cree?
Si los alumnos del origen que sea no adquieren en la educación primaria un vocabulario amplio, unos conocimientos del mundo y una conducta socialmente aceptable, nunca llegarán a «entrar en el mundo del libro». No se acostumbran a ver el mundo desde diferentes perspectivas, como la de un adulto o la de un anciano, de alguien de otra cultura, de otra región geográfica o de otra etapa histórica. Así corren el riesgo de adquirir menos flexibilidad mental… Sin conocimientos previos sobre el mundo y sin un vocabulario que vaya más allá de las 500 palabras e incluya las abstractas, los chicos no entienden ni el telediario. No sólo es que se sientan aislados del resto de la sociedad, es que lo están. A su vez, eso lleva a que todas las noticias les lleguen de sus compañeros en el barrio y eso da por resultado una tendencia a juzgar todo desde la perspectiva del círculo inmediato de amigos y conocidos. Así pueden crecer Estados dentro del Estado, sociedades paralelas. Se trata de un círculo vicioso. El desarrollo descrito es más frecuente entre los chicos que entre las chicas porque las familias tradicionalistas suelen acostumbrar a las chicas al trabajo y al autosacrificio. Además, para ellas, el estudio suele verse como una manera de escapar del control de la familia y, por eso, se esfuerzan más. Finalmente, en bastantes ambientes machistas, suele estar más aceptado que estudie una chica porque suelen considerar que estudiar es algo femenino.
Ahora en España mucha gente fía la solución de los problemas de la educación a que se alcance un pacto de partidos políticos pero, en su libro, describe a comunidades de chinos que lo hacen muy bien en China y también en California. ¿Hasta qué punto el desempeño académico depende de los valores familiares más que del sistema educativo?
La cultura de la casa es muy importante y más importante que el nivel socioeconómico. El ejemplo de los chinos en Occidente no cuaja con la visión de algunos partidos políticos de que todo depende del nivel económico y no del respeto por la educación y de la voluntad de los alumnos y de sus padres.
Si alabamos la educación de los niños chinos en sus familias, los hay que enseguida traen a colación la felicidad y vienen a decir que esos niños no lo son. ¿Hay pruebas de que así sea? ¿Qué deberían aprender en algunas casas occidentales de esa cultura de los padres chinos?
No hay ningún indicio de infelicidad generalizada entre los alumnos de alto rendimiento escolar. Si antes en las escuelas occidentales existía una cultura del esfuerzo sin que nadie dijera que los alumnos exitosos eran infelices, ¿por qué ahora lo dicen?
La empatía es una palabra que se ha puesto de moda en la educación pero a veces da la sensación de que, cuando se conocen las circunstancias específicas de cada alumno, se puede caer en la tentación de sentir pena y exigirle menos de lo que puede hacer. ¿Es así?
Hay unas corrientes educativas que enfatizan la empatía y proponen una educación «del cuidado», terapéutica. Es una corriente fuerte en la educación preescolar y en la educación primaria. Esta empatía puede ser negativa si no se combina con un enfoque en el aprendizaje porque, aunque protege al joven al comienzo, podría dejarle sin conocimientos para la vida adulta.
Suecia es modelo en la introducción del cheque escolar, con el que los padres eligen el colegio que quieren para sus hijos, ya sea privado o público. Y los resultados se ven con cierto escepticismo. ¿Cómo cree usted que ha funcionado?
El cheque escolar fue introducido en una situación muy especial, y por eso lo que ha pasado en Suecia no se puede tomar como un ejemplo general de cómo funciona este sistema. El cheque escolar significa, en el caso sueco, que toda la educación se paga con el dinero de los contribuyentes pero la gestión de una escuela puede ser privada. Sin embargo, los currículos, la ley escolar y las reglas administrativas son iguales para todas las escuelas. Cuando se introdujo al comienzo de los años 90 había un gran descontento con la educación pública, y lo que sucedió fue que se crearon cadenas de escuelas gestionadas por empresas más que por profesores idealistas. Estas escuelas atraen cada vez a más alumnos porque, desde entonces, la situación general de las escuelas públicas ha seguido empeorando debido a varios factores. La situación no se ha arreglado y una de las causas es que la energía del sistema escolar se dirige hacia la integración de los nuevos grupos de refugiados asiáticos y africanos.

La politización

Según explica usted, la educación, al menos en algunos sitios, se ha mezclado con la ideología, sobre todo de izquierdas, como cuando se pone en cuestión el papel de Occidente en el mundo. ¿Cree que también ha desempeñado un papel el nacionalismo como ideología en Cataluña, región que usted conoce bien?
Sí, obviamente. La educación ha sido el instrumento principal para el nacionalismo.
En ambientes tecnológicos ahora no se ve machista poner a las niñas en clases diferenciadas, sólo para ellas, para aprender a programar, por ejemplo. ¿Cree que en España el debate de la educación diferenciada está contaminado por prejuicios de la dictadura y de la Iglesia?
Creo que el tema se ha politizado en España y que se ve conectado con la Iglesia católica. No se toma en consideración lo propiamente educativo.
Si el Estado de bienestar ha conseguido un nivel mínimo en el que no se incita a los más perjudicados a luchar por la excelencia académica, ¿eso cómo se arregla? ¿Cómo se puede motivar a los de más abajo a ser excelentes y, así, en cierta manera, acortar la brecha de la desigualdad?
Haría falta más tiempo para contestar a la pregunta pero, en resumen, sería preciso hacer lo contrario de lo que se hace ahora. No tener promoción automática, ofrecer itinerarios interesantes para los alumnos que se esfuercen, y atraer a excelentes profesores en todos los niveles, y sería muy importante especialmente en la educación primaria.
Ahora parece que andamos todos un poco obsesionados con Finlandia como modelo educativo, pero, si tuviéramos que imitar lo mejor de un país, ¿con qué modelo se quedaba usted?
Mejor que mirar hacia cierto país es asegurarse de que funcionen cuatro factores: los alumnos deben aceptar que estudiar significa esforzarse, los profesores deben estar cuidadosamente seleccionados y tener una formación sólida, los padres deben apoyar la educación escolar de sus hijos y tener confianza en los profesores y el Estado debe establecer currículos y tipos de exámenes adecuados para asegurar la calidad del sistema educativo.

La primarización de la Secundaria, por José Aguilar Jurado

Fuente: libertaddigital.es

Con la Logse se creó la Educación Secundaria Obligatoria, etapa educativa que ahí sigue, también en la Lomce  pepera. Se dijo en su momento que era un tremendo avance prolongar hasta los dieciséis años la obligatoriedad de la enseñanza, aunque hoy sabemos que tal avance consiste no más que en mantener en las aulas de los institutos a muchos jóvenes que no quieren estudiar y que hacen todo lo posible por demostrárselo cada día a sus profesores. Mantenerlos, además, al lado de otros alumnos que sí quieren, de otros que querrían pero no pueden y de otros que no saben muy bien lo que quieren. Es lo que se llama “enseñanza comprensiva“, mal calco del inglés “comprehensive school”. Es decir, un sistema que en principio agrupa a los alumnos por edad y no por conocimientos, aptitud o intereses.

¿Y esto funciona? Les pongo un ejemplo: se supone que cualquiera que estudie la asignatura de Inglés durante doce años debería dominar ese idioma con soltura. Pero en el sistema educativo español, nuestros jóvenes estudian doce años de Inglés (seis en Primaria, cuatro en la ESO y dos en Bachillerato), y salvo que se hayan apuntado a una academia privada, la realidad es que no se desenvuelven ni mínimamente bien en la lengua de Shakespeare. La razón de este fracaso es muy sencilla, y no se debe al plantel de profesores ni a la mala calidad de la raza en las nuevas generaciones. A ver. En ninguna de esas academias privadas de inglés agrupan a los alumnos por edad sino que lo hacen por niveles de conocimiento del idioma, como es lógico. Por eso no debemos sorprendernos del pésimo nivel de idiomas de nuestros jóvenes. Pésimo nivel que ahora se trata de paliar implantando centros bilingües, a ver si así sí (que muchas veces tampoco). Cuando lo único que se necesitaría es aplicar el sentido común. En la mayor parte de Europa aprenden bien las lenguas extranjeras en la enseñanza pública, sin necesidad de academias de apoyo ni de recibir clases en un idioma distinto del materno.

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Entrevista a Ricardo Moreno Castillo, quien analiza lúcidamente la situación de la enseñanza en España

Captura de pantalla de 2016-06-22 16:44:12

Mario Noya entrevista al escritor y catedrático Ricardo Moreno Castillo por su libro La conjura de los ignorantes. De cómo los pedagogos han destruido la enseñanza (Pasos Perdidos).

Autor también del Panfleto Antipedagógico, Moreno defiende aprender más cosas de memoria y critica “una enseñanza lúdica donde no se inculca el hábito de estudio”. Este catedrático de Matemáticas jubilado critica duramente la pedagogía por ser “una jerga” llena de “patochadas” y “desvaríos”.

(Haz clic en la imagen para ver la entrevista en su fuente original, libertaddigital.es)

“¿Qué es lo que hay que aprender? Pues aprender a aprender, a ser críticos con lo que pretenden enseñarnos”, por Fernando Savater

elpais.com

Siempre oí repetir que la enseñanza debe ser “crítica”. Nada de memoria, nada de llenar la cabeza de datos (¡se encuentran en Internet!), nada de que el maestro hable desde la tarima y los demás callen tomando apuntes, nada de asignaturas sin relación con la vida cotidiana (¿como las matemáticas, la historia o la gramática?) y nada de dar por hecho que uno sabe y los demás no. ¡Crítica ante todo! ¡El aprendizaje debe ser crítico, si me apuran más crítico que aprendizaje! ¿Qué es lo que hay que aprender? Pues aprender a aprender, a ser críticos con lo que pretenden enseñarnos. Cuando el maestro anticuado profiere como irrefutable cualquier tópico viejuno, v. gr. “París es la capital de Francia”, el alumno debe propinarle un certero “¡Eso lo dirás tú!”. Seguro que le desconcierta…

Abracé dócilmente esta rebeldía, hasta darme cuenta de que los críticos más contundentes son quienes mejor han aprendido aquello de lo que se habla: por plácido que sea su talante, los que saben aritmética no aguantan a los que dicen que dos y dos son cinco. Y tienen sus razones. Son precisamente esas razones las que deben enseñarse en la escuela, porque con ellas vendrá por añadidura el espíritu crítico, que no es simple afán de contradicción. Dos libros recientes, La conjura de los ignorantes (ed. Pasos Perdidos), de Ricardo Moreno Castillo, y Contra la nueva educación (ed. Plataforma Actual), de Alberto Royo, defienden esta asombrosa doctrina, la de siempre, y con ella el esfuerzo estudioso, el orden en el aula y el magisterio de los profesores, que no deben ser meros colegas lúdicos ni animadores emocionales de la comuna escolar. Y lo hacen de modo muy divertido: quien mañana ocupe la cartera de Educación hará bien en leerles.https://i2.wp.com/ep01.epimg.net/elpais/imagenes/2016/05/13/opinion/1463153165_802392_1463154143_noticia_normal_recorte1.jpg

Alicia Delibes – Los desheredados

libertaddigital.com

En 1964 el prestigioso filósofo y sociólogo francés Pierre Bourdieu publicaba Los herederos, que estaba llamado a convertirse en la biblia de todos los pedagogos sesentayochistas. En ese libro, que tanta influencia va a tener después, Bourdieu, como buen marxista, dio una vuelta de tuerca más a la teoría de la lucha de clases como motor de la historia. Y esa vuelta de tuerca fue considerar que las clases no sólo vienen determinadas por la posesión de bienes materiales, sino también por la diferencia de conocimientos y hábitos culturales. De manera que, igual que un marxista convencido debía luchar por acabar con las clases sociales, también debía esforzarse por acabar con esas diferencias culturales, que eran otra expresión de la opresión de unos privilegiados sobre el resto.

Cincuenta años después de su publicación, François-Xavier Bellamy, nacido en 1985, profesor de Filosofía formado en la Escuela Normal Superior de París, ha escrito Les déshérités (“Los desheredados”), un libro en el que el autor clama por la recuperación de la escuela como transmisora de conocimientos. Según Bellamy, aquellos estudiantes que en mayo de 1968 tomaron las calles de París reclamando una escuela libre y democrática, al convertirse en padres y maestros han renunciado a transmitir a sus hijos y alumnos el legado cultural que ellos habían recibido.

El libro de Bellamy comienza con el emocionante relato de lo sucedido en la Ópera de Roma el 12 de marzo de 2011. Se conmemoraban los 150 años de la unidad italiana con la representación del Nabucco de Verdi, dirigida por el maestro napolitano Riccardo Muti. Al poner fin al coro de los hebreos, el famosísimo Va, pensiero, entre los ensordecedores aplausos se alzaron varias voces pidiendo el bis. “De pronto, –escribe Bellamy– se hace el silencio. (…) un escalofrío recorre el patio de butacas. El maestro se vuelve hacia la multitud: ‘Estoy de acuerdo’”.

No es amigo Muti de hacer concesiones al público. Una decisión tan extraordinaria exigía una explicación y se la dio al público:

Ya no tengo treinta años, he vivido mi vida; pero como italiano que ha recorrido mucho mundo, me avergüenzo de lo que pasa en mi país. Accedo a vuestra petición de bis por Va, pensiero. No es solo por la alegría patriótica que me hace sentir, sino porque esta tarde, mientras cantaba el coro “Oh mi país, tan bello y perdido”, he pensado que, si continuamos así, vamos a matar la cultura sobre la cual la historia de Italia ha sido construida. Y si es así, nuestra patria estaría verdaderamente “bella y perdida”, y nosotros con ella.

Esa misma noche, en Asnières-sur Seine, banlieu del oeste de París, un chico de 15 años era asesinado en la puerta del liceo en el que, curiosamente, Bellamy había empezado su vida profesional como profesor de Filosofía. Un liceo conflictivo de los muchos en los que la educación francesa muestra su tremendo fracaso. “Si no se encuentra un remedio”, escribe el profesor Bellamy, “Francia, como Italia, tendrá que entonar el canto fúnebre de la cultura“.

Para Bellamy la crisis que atraviesa la enseñanza francesa es fruto de una opción deliberada según la cual la escuela debe dejar de transmitir el legado cultural de nuestros antepasados. “La crisis de la cultura, de la educación, de la familia, de las autoridades tradicionalmente investidas de la responsabilidad social de la transmisión, no es un fracaso. Al contrario, es el resultado de un trabajo reflexionado”. Bellamy señala a Descartes, Rousseau y al citado Pierre Bourdieu como responsables intelectuales de las políticas que han llevado a ese desprecio oficial de la transmisión de saberes.

El Discurso del método (1637) de René Descartes fue “el primer acontecimiento de una revolución (…) cuyas consecuencias serán inmensas”. Descartes, que había sido un extraordinario alumno del colegio real regentado por los jesuitas, La Flèche, y que gozaba ya entonces de una gran reputación intelectual en toda Europa, en El discurso del método pone en cuestión todo lo que había aprendido a lo largo de su educación. Había sido el mejor alumno del mejor colegio de Francia en el siglo más avanzado y, sin embrago, sentía que una creciente inseguridad se apoderaba de sí mismo. Era tanta la información que tenía, había leído tanto lo que otros habían escrito que temía que otros hablaran por su boca y que ninguno de sus pensamientos fuera propiamente suyo. No soy yo el que piensa, otros lo hacen por mí. Llega así a la conclusión de que la transmisión de los saberes y de la cultura ofusca la razón y dificulta la creatividad. Para Descartes, la educación debe poner buen cuidado en preservar la inteligencia natural del hombre, “no buscar otra ciencia que aquella que se puede encontrar en uno mismo”, preservar “la luz natural de la razón”.

Cien años después, Rousseau, en el Discurso sobre las ciencias y las artes (1750), cuestiona el valor de los saberes transmitidos con el argumento de que “cuanto más perfeccionado está el hombre por la cultura, más se aleja de la naturaleza”. Más tarde en Emilio (1762), el libro que más influencia ha tenido en la pedagogía moderna, explicará cómo educar a ese hombre para que no se aleje de la naturaleza, cómo mantenerle en la feliz ignorancia. Emilio deberá crecer lejos de la influencia de padres y preceptores, sin amigos, sin libros, sin estudios. El educador no debe enseñarle nada más que aquello que precise para sobrevivir. Pues para Rousseau “más vale la pureza de la ignorancia que la alienación de la transmisión”.

El tercer paso de esta revolución anticultural lo dará dos siglos más tarde Bourdieu con el citado Les héritiers (1964), un libro que fue leído por los estudiantes del 68 como si fuera el evangelio. Bourdieu aporta todo tipo de datos estadísticos para demostrar que los hijos de la clase dominante tienen más posibilidades de triunfar en la escuela que los hijos de familias desfavorecidas. El conocimiento, la cultura, es un capital que se lega de padres a hijos y, por tanto, ser una persona culta es un privilegio de la clase dominante.

En 1979 se publicó un nuevo libro de Bourdieu sobre la escuela titulado La distinction. Aquí se sirve de la estadística para demostrar que la transmisión de conocimientos impide la movilidad social. La cultura entendida como el conjunto de saberes, costumbres y formas de comportarse en el mundo viene impuesta por la clase dominante y se utiliza para hacer distinciones entre los hombres. Aquellos que pertenecen a la clase burguesa aspiran a adquirir la cultura de las élites, mientras que la clase obrera se tiene que conformar con aprender lo necesario para sobrevivir.

Así fue cómo, según Bellamy, la propia cultura francesa engendró el instrumento de su destrucción. Descartes soñaba con un hombre que hubiera nacido con la plenitud de su inteligencia y que nunca hubiera sido niño, Rousseau puso como modelo un hombre que siempre permanecería niño, contribuyendo así a la creación de la emblemática figura del buen salvaje. Finalmente, Bourdieu llevó a la escuela la lucha de clases.

El hombre sin cultura no es un hombre. Un país que se niega a transmitir su herencia cultural está abocado a caer en la barbarie. Eso es lo que Riccardo Muti quiso decir aquella noche en la Ópera de Roma y eso es lo que quiere mostrar Bellamy con este libro. Los saberes, los conocimientos que adquiere un niño a lo largo de su educación configuran su personalidad. Sin ellos no es nada.

Bellamy critica a los pedagogos posmodernos que han encontrado en las tecnologías la coartada perfecta para enterrar definitivamente la enseñanza tradicional. El profesor Google puede facilitar toda la información que el alumno precise en un tiempo récord. ¿Para qué entonces malgastar el tiempo y el esfuerzo en transmitir conocimientos? Hoy los niños lo que tienen que hacer en la escuela es aprender a aprender. La tecnología viene así a completar la revolución anticultural iniciada por Descartes hace cuatrocientos años.

La cultura que uno adquiere a lo largo de su vida, dice Bellamy, no es como una maleta que se va llenando de contenidos, uno es lo que sabe, lo que ha aprendido a lo largo de su vida. Sin civilización el hombre sería el más desvalido de los animales, sin cultura carecería de humanidad. El esfuerzo por aprender, por recordar, por leer, por escribir, construye al individuo como ser humano. Y para aprender, para construirse a sí mismo el niño necesita maestros, necesita libros y necesita condiscípulos.

“Hemos decretado que la lengua era fascista, la literatura sexista, la historia chovinista, la geografía etnocentrista y las ciencias dogmáticas –y ahora no comprendemos por qué los niños terminan por no saber nada”. Y al final, sin saberes, sin cultura, ¿qué quedará del hombre?, se pregunta Bellamy. Cuando ya se haya destruido toda la cultura “sólo quedará la barbarie”.

El autor cerró el último capítulo de su libro con una llamada de urgencia: “Podemos superar la crisis de la transmisión, pero hay que hacerlo pronto, porque la desculturización progresiva y de cada vez más gente solo puede significar que el mundo se hace cada vez más salvaje”.

Era el final del verano de 2014. Quince meses más tarde añadió un post scriptum (que ya aparece en la reedición francesa que yo he leído): “No sabía hasta qué punto los inviernos que siguieron iban a confirmar mi sombrío presentimiento”. El 7 de enero diez periodistas y dos policías son asesinados en un atentado a la sede de la revista Charlie Hebdo; el 8 de enero un policía es asesinado en Montrouge. El 9 de enero, cuatro clientes de un supermercado de Vincennes son asesinados. Algunos meses más tarde, el 13 de noviembre, varios terroristas siembran de muertos las calles de París. “Víctimas, sin duda, de la locura de los criminales; pero víctimas también, y al mismo tiempo de nuestras propias abdicaciones”.

La gran diferencia entre los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York y estos de París, dice Bellamy, es que estos crímenes han sido cometidos por jóvenes nacidos en Francia que han estado sentados durante años en los bancos de nuestras escuelas. “Hace falta que el mal sea muy profundo para que, después de miles de horas pasadas en la escuela de la República, un joven se revuelva con tanta violencia contra su propio país, contra el hombre, y contra lo que hay en él mismo de humano”.

Alberto Royo: “A la escuela se va a aprender no a buscar la felicidad”

Entrevista a Alberto Royo, profesor y autor de ‘Contra la nueva educación’ IVÁN CÁMARA (Vídeo)

Profesor, musicólogo y autor de: ‘Contra la nueva educación’

Casado y con dos hijos, dice que el libro que mejor nos representa es: ‘Todo lo que era sólido’

Piensa que nos falta pensamiento crítico y coherencia y nos sobra picaresca y sectarismo

12/03/2016 04:29Alberto Royo, profesor de instituto en Zaragoza, cuenta que decidió escribir Contra la nueva Educación (Ed. Plataforma) cuando fue consciente de que iban ganando la batalla en la educación los que apuestan por “la felicidad desinformada” frente a la cultura y al saber. Cuando se percató del furor de libros sobre la educación y el éxito, el talento y la empatía, palabras que iban arrinconando a un conocimiento al que, mantiene el libro, no se llega sin esfuerzo, disciplina y constancia.

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El libro tiene cierto tono pesimista y, en definitiva, si ha tenido que contestar a “charlatanes” de la educación es porque en estos años ha aumentado el interés y, a priori, eso podría ser una buena noticia, ¿no?
Hablar mucho de algo que no es útil no es beneficioso. Es como cuando se debate sobre la necesidad de que haya consenso en la reforma educativa. Si se ponen de acuerdo en lo que hay ahora, no lo vería tampoco demasiado beneficioso. Yo pongo dos matices. Debe hablar de educación el que enseña y, ahora mismo, los gurús de la nueva educación no son docentes. Y también creo que ahora mismo hay una mayoría de opiniones que no va en la línea de la nueva educación pero que no aparece en los medios de comunicación.
Lo que llama la nueva educación promueve valores como la creatividad que no parecen dañinos
Lo que yo critico es que en la línea hegemónica de esa nueva educación sí parezca que se antepone el sentido lúdico al esfuerzo que conlleva cualquier aprendizaje, que se dé a entender que el éxito es fácil y que lo importante es una felicidad de libro de autoayuda. Que, en la realidad, se acaba arrinconando la disciplina, el esfuerzo y la atención. Ellos mantienen que el alumno de hoy tiene diferentes necesidades pero lo cierto es que sólo un sistema educativo riguroso y que exija esfuerzo garantiza la movilidad social. Ese sistema sería mucho más eficaz que el paternalismo y el buenismo hacia los estudiantes con menos recursos. Cualquier aprendizaje necesita disciplina y tenacidad. Un mal sistema educativo perjudica al pobre cultural, a aquel que en su entorno familiar no puede escuchar un vocabulario rico. En el fondo de esta cuestión sobre la nueva pedagogía está la pregunta de qué queremos que haga la escuela, si los niños van a ir a ser felices o a aprender. La escuela tiene que dar formación, no es un lugar donde enseñen la búsqueda de la felicidad.
Le ha puesto un título a la defensiva, que no suele ser estrategia recomendable.
En el título me antepongo a lo que sé que voy a recibir. Ahora mismo, el discurso hegemónico es lo fácil y lo cómodo. Si mantienes la importancia del esfuerzo eres ya sospechoso de ser un retrógrado.
Pero, en definitiva, nadie le impone a usted cómo tiene que dar sus clases, ¿no?
La presión es importante. Cuando se habla de la enseñanza, desmarcarse de la línea oficial es incómodo.
¿Cómo explicaría las diferencias entre comunidades? Porque, al final, se rigen por la misma ley y las diferencias entre Castilla y León, o Navarra, con Andalucía son muy importantes en PISA.
Es muy complicado explicarlas. En aquellas comunidades donde el espíritu Logse se ha aplicado con menos fervor, diría que el estropicio es menor. Navarra sería el caso. Habría que intentar que no hubiera esas diferencias. También influye cómo en cada sociedad se considera la educación, ese clima también influye. Es necesario que hablemos de movilidad social y de meritocracia pero es un discurso que choca con modelos sociales que vemos a diario en la televisión. La manera más ética de progresar es con la educación pero es complicado cuando se ven ciertos modelos de éxito en los medios o en la política misma.
Pero, curiosamente, en esos mismos medios se han hecho famosos para el gran público unos cocineros que, para llegar donde están y mantenerse, han tenido que esforzarse muchísimo, porque el trabajo en la cocina no es precisamente fácil ni relajado y requiere disciplina. Concursos con niños a los que se juzga de manera implacable.
El caso de los cocineros es muy interesante. Hoy, que tanto hablamos de creatividad, de la originalidad y al mismo tiempo se desprecian los conocimientos, se olvida que esos cocineros han tenido que dominar la cocina tradicional antes de adentrarse en la cocina de vanguardia. Y eso también pasa con el arte contemporáneo o la música, se llega a la creatividad y a la innovación después de conocer su historia y los fundamentos.
En el debate sobre la reforma de la educación hay un asunto que no es nueva pedagogía y es sobre la selección del profesorado.
No tengo inconveniente en que se me vuelva a evaluar. La pregunta es qué se va evaluar, porque no me importaría que fueran mis conocimientos pero no sé si se pretende mi competencia emocional.
No me refería tanto a la evaluación de los que están ya como a los que empiezan a estudiar para ser profesores y luego las oposiciones.
Soy partidario de un sistema de selección muy duro. Incluso me plantearía una prueba de cultura general inicial. Recuerdo que se hizo hace años una en la Comunidad de Madrid, lo criticaron y apenas nadie se paró a pensar en la vergüenza de muchas de las respuestas. Cuanto más rigurosa sea la selección de los profesores, mejor.
Suena duro lo que dice en el libro de que los niños tienen que llegar motivados de casa.
Es que aprender es apasionante. Mi hijo mayor tiene cinco años y la primera vez que se paró a leer un cartel, cuando lo consiguió, tenía los ojos hasta vidriosos. Lo que yo quiero transmitir es que lo lúdico no tiene por qué ser lo motivador, que aprender siempre lo ha sido. Lo de la motivación es delicado porque no todo nos atrae, de entrada. En la vida, hacemos cosas que no nos apetecen, que no parecen sugerentes y luego nos gustan. Estamos tan preocupados en motivar al que no quiere estudiar que acabamos desanimando al que quiere. Evitamos decir la verdad al que lo hace mal y al que lo hace bien.
Quizás se refieran a que no hace falta para aprender memorizar tanto como en el sistema español, que puede desmotivar.
Yo tengo que defender la memorización y otra cosa distinta es que se memorice todo sin entender nada. La memorización ya se criticaba en la reforma de Villar Palasí, la de la EGB. Yo intento contrarrestar la deriva de la enseñanza. Es fundamental en la educación.
Tampoco goza de buena fama ahora la clase magistral.
Es curioso porque, en música, hablar de una master class, o sea, clase magistral, es algo muy positivo y prestigioso y, en la enseñanza en general, si la defiendes generas ciertas sospechas a pedagogos que confunden muchas cosas. La autoridad, que es fundamental, y el autoritarismo, por ejemplo. La autoridad del profesor no es para imponer, es la que se deriva del respeto intelectual hacia quien sabe. Por eso, la relación entre el alumno y el profesor nunca puede ser horizontal porque el primero aprende y el segundo sabe. Es una relación jerárquica.
¿Cómo se logra restituir esa autoridad?
Evitando los aprobados de despacho, por ejemplo, como pasó hace unas semanas en Andalucía. No va a favor de la autoridad intelectual del profesor, que es lo más parecido a la autoridad moral de un padre. Pudiendo hablar de disciplina sin que nadie te tache de reaccionario. Lo fundamental es que hubiera una concienciación social en el sentido de reconocer que el profesor es el profesional de la enseñanza y que se le debe un respeto intelectual. Si esto estuviera bien interiorizado evitaríamos conflictos. Cuando hablamos de educación se dan circunstancias que no se darían en la sanidad. Yo he recibido consejos de padres de alumnos y es como si un paciente aconseja al médico. Se dan situaciones surrealistas. En cuestiones profesionales, los padres no tienen mucho que decir.
A veces también da la sensación de que se han confundido igualdad de oportunidades e igualdad de resultados
El error fundamental de la Logse fue obsesionarse con la igualdad. El alumno que no es capaz o no quiere esforzarse no va a progresar, por lo tanto la equidad ya está malograda. Se ha tomado la igualdad como punto de llegada y no de partida, que es la única admisible. Ningún alumno que quiera esforzarse tiene que ver limitado su derecho a aprender y, al que no quiera esforzarse, no podemos protegerle. De todas maneras, el alumno brillante sale adelante con un mal sistema pero es que en la educación pública debemos fijarnos en los que tienen dificultades y quieren aprender.
El caso es que tenemos un sistema con el fracaso escolar de los más altos de Europa.
Hablamos de fracaso escolar cuando el alumno no promociona. Pero el fracaso también es ver si ha aprendido lo que debería saber. Pero nadie dice que no se deba evaluar el sistema, deberíamos analizar qué se hace mal. Y uno de los principales errores es que cada vez más se han ido rebajando los contenidos. Sólo hay que ver los libros. Si, como mantienen los pedagogos, el conocimiento está en internet, para qué vas a aprender en un libro quién fue Colón si está en Google. No se dan cuenta de que internet puede ser un lío terrible para gente que no tiene los recursos para discernir.
Pero está de acuerdo en que habría que ver qué se hace bien y mal.
El sistema necesita una evaluación. Las metodologías innovadoras tienen poca base empírica. Deberían ponerse en marcha en sitios muy concretos, en proyectos piloto. Innovar es cambiar algo para bien. Si se quiere plantear una metodología nueva, tiene que haber una base que la avale. Yo estoy contra la innovación por la innovación. Hay que probar y evaluar.
En Gran Bretaña, en esa evaluación, apostaron en su día por hacer públicas las reválidas. Se han llevado sorpresas, como que hay colegios públicos de zonas humildes que lo están haciendo muy bien. Pero aquí los sindicatos se niegan en redondo.
Podría ser positivo, no veo por qué hay que tener miedo a las evaluaciones y que sean públicas, teniendo en cuenta el contexto del tipo de alumnado. Si se evalúa algo, conviene conocer luego los resultados.
¿Deberían estar más claros los límites de lo que hace la escuela y lo que se hace en casa?
Si en tercero de la ESO tienes a un maleducado, la culpa no es del profesor. Pero se cometen errores similares en casa y en la escuela. Se opta por lo más cómodo. Los sobreprotegemos y los estamos dejando desnudos. Se habla de quitar los exámenes, por ejemplo, cuando precisamente la educación tiene que ser una carrera de obstáculos porque los alumnos tienen que saber vencer dificultades, resolver problemas, tener capacidad de gestionar un fracaso, de tolerar la frustración. Se habla de educar en valores y la resiliencia no es uno de los que más suene.
¿Hacen falta tantos deberes como se mandan en España?
Demasiado deberes y mal elaborados son una estupidez. Unos deberes que no pueden realizar solos los alumnos no están bien puestos.
Antes hablábamos de los cocineros. Los deberes son entrenamiento, si están bien puestos. En un país de grandes logros deportivos, no parece que tengamos en cuenta lo duro que es llegar hasta ahí.
Es que las cualidades que se ven en el deporte como positivas, son las que se quieren desterrar de la educación. Cualquiera elogia a Nadal pero, si se habla de alta cultura, se considera elitista, segregador, clasista. No sé qué tiene de malo el elitismo si los que llegan arriba son los que se lo merecen. ¿Queremos una meritocracia? Eso es que lleguen los más capaces, los mejores, los más honrados. Ahora no lo estamos viendo en política, por ejemplo, donde, aunque creo que hay muchos honrados, no suelen llegar a lo más alto los más capaces.
El hecho de haber arrinconado los conceptos de esfuerzo y disciplina, ¿cree que ha tenido efectos en la sociedad en general?
No fortalece la responsabilidad individual. Creo que nos hace falta, antes de quejarnos de todo, un poco más de compromiso y de autocrítica, apelar más a la responsabilidad individual. Soy de los que piensa que, si cada uno de nosotros intentamos hacer nuestro trabajo lo mejor posible, eso tiene un efecto contagioso.